En la calle

Tuve que mirar dos veces con atención  para distinguir con nitidez lo que me había parecido una figura humana.  Sentada en la principal arteria de Villla Olímpica, bajo las pérgolas de hierro verde diseñadas por Pinós & Miralles y que simulan una naturaleza arbórea imposible de arraigar en el subsuelo de la Avenida Icaria construida sobre el gran colector de aguas residuales que van al mar, la silueta pasaba casi desapercibida compactada entre paquetes y bolsas.

Recordé  La carretera de Cormac McCarthy, ese fin de mundo indefinido donde un hombre acompañado por su hijo, con la esperanza de alcanzar el mar, intentan sobrevivir a la devastación de los territorios interiores. Imperativo estar  al acecho y   metamorfosearse en objeto para desaparecer en la nítida visibilidad del enemigo.

Y no dejé  de pensar en Homer & Langley de E.L.Doctorow,  una ficción sobre los hermanos Collyer,  tristemente famosos por su carácter compulsivo para acumular  objetos y desechos. Cuando la polícia de New York recibió el aviso de que los hermanos Collyer no daban señales de vida, tuvieron que solicitar la ayuda de  los bomberos para entrar por el techo de la vivienda ante la imposibilidad de  acceder por la puerta o las ventanas bloqueadas  por un muro compacto de periódicos.  A través de pasadizos, una decena de bomberos y policías encontró el cuerpo de Homer. Para hallar el cadáver de Langley fue necesario retirar 136 toneladas de basura y 18 días de trabajo.

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